Meriendas con mi abuela

Todos tenemos o hemos tenido una abuela que ponía toneladas de cariño en los ratos que compartía con nosotros. Esas tardes de invierno, tan largas cuando se es niño, ella las acortaba con sus cuentos, canciones populares, tareas compartidas: – vamos a arreglar el cajón de los juguetes ¿quieres?, ¿o prefieres que hagamos un gorrito de ganchillo para tu muñeca? -. Los febriles momentos del gripazo o las paperas, con su pañuelo impregnado en colonia para refrescarme la frente: – cierra  los ojitos que el alcohol te hará llorar…- . Su espera ilusionada a la salida del cole, su incondicional defensa antes de que el cachete materno me alcanzara, las vacaciones de verano en el pueblo de playa  sintiéndose rejuvenecida por unos días al ejercer de madre suplente…

Tantos y tantos recuerdos aparcados durante las ansias de libertad adolescentes y la engreída entrada en el mundo adulto para retornar fortalecidos viendo a mi madre ejercer de abuela y más aún al sentir acercarse mi propia vocación de abuela.

Yo fui una niña tan mala comedora que aprovechaban mis desvelos nocturnos para endosarme la chocolatina napolitana que cada noche me dejaban los angelitos…Después, con paciencia y sin recurrir al sicólogo la cosa cambió, quizás en exceso, y la comida pasó a ser uno de los momentos más placenteros.

Entre tanto cariño y tiempo derrochado por mi abuela y mi madre en la cocina, un especial recuerdo para esas meriendas preparadas por mi abuela para ser devoradas entre juegos en el patio de mi casa: – corre abuelita, ¡que me esperan mis amigos! -.

Así eran las meriendas de los años 60:

PAN, siempre de barra, algún día pan bombón, con:

-unas onzas de chocolate. El contraste del chocolate con el punto salado del pan sigue siendo para mí comparable al mejor bollo, si no superior.

- mantequilla untada y espolvoreada de azúcar o Cola-cao

- aceite de oliva con azúcar

- vino y azúcar

-leche condensada (me estoy relamiendo)

- el pico de la barra de pan, quitando la miga del centro con un cuchillo y repartiendo la miel por todo el hueco para luego introducir el trozo de la miga

- bocadillo de tocino del conservado como el jamón en salazón. ¡Sí, tocino! y los niños de entonces no tuvimos problemas con el colesterol…

- bocadillo, éste de lo que hoy llamamos baguette, con pimientos verdes fritos

- nata con azúcar, esta vez no hay pan, en un platito de cristal. Esa nata que afloraba a la superficie de la leche al ser hervida y que hoy tenemos que comprar en higiénicos bricks y no se parece en nada la textura, el color, ni el sabor.

- pequeños “flanines” congelados con un palito para que parecieran un polo

Y la risa de mi abuela cuando un día en su pueblo, con unos 4 años,  entré en casa tirando de un chico mucho mayor, rojo como la grana: – abuelita yo quiero como éste, ¡bocadillo de plátano! -

Si recordáis vuestras meriendas infantiles será un placer compatirlas, no dejéis de aportarnos vuestras vivencias.

 

 

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